di Milo De Angelis per Erika Reginato

MILO DE ANGELIS

Caro Milo so che sono passati diverse settimane ma e`che non riesco a finire le traduzione...(parlo del tuo libro), per me tradurre, tradurti, e`fare un disegno...si, adesso sto traducendo anche un amico venezuelano  è in un grande problema, non lo conosco personalmente, ma si al suo padre che vive in Spagna (in esilio político)...adesso mi sento responsabile della lingua, delle traduzione, della poesia...
ho  altro materiale sulla tua poesía che ti puo interessare...a volte in questi festival internazionale ti chiedono saggi, o... va bene...anche ti ho tradotto il tuo curriculum ...per la rivista messicana della web Circulo de Poesía...
abrazos
ah,si, adesso tradurre é il mio lavoro , a te facio un prezzo amico...12 euro..p/p.dopo ti scrivo il mio conto 
besos
erika
                  MILO DE ANGELIS

 

          Traducción de Erika Reginato

 

POEMAS DEL ANOCHECER Y DE LA PIEDRA

Milo De Angelis, (Milán 1951). Su experiencia gira alrededor de un Todo para regresar a su paisaje ordinario, ordenado y vertical el cual se produce desde el 1976 con su libro Semejanzas. Vive los acontecimientos con la conciencia del lugar y la hora exacta. Su poema posee el secreto de la metamorfosis del poeta más que el de la palabra. Es una poesía elemental que abre las páginas de la memoria y advierte el acercamiento al peligro de una serie de objetos interminables que se presentan en la vigilia entre sus sombras y la brisa que se expande por su ventana individual. Fue fundador y dirigió la revista literaria «Niebo» en los años Setenta. Su obra ha sido difundida en Francia, Argentina, España y en los Estados Unidos y fue invitado varias veces a Venezuela. La poesía de Milo De Angelis,  nos conduce a un lugar  introspectivo pues en un tono lento eleva los sentimientos básicos del hombre en una necesidad de comunicarlos. En Milo De Angelis el proceso poético esculpe la palabra interior con tensión: aquél tumor / que se convirtió en poesía (...).Y no es más que la memoria del poeta vagando en las calles humeantes y familiares de su casa y cuerpo. Nos sorprende una poesía que no olvida a los clásicos, recordamos a Virgilio, a la tensión de los cantos impares de la Eneida y la tragedia que logra la gloria. Parece desdoblarse en la sencillez de la metáfora cuando una imagen se funde en la otra y se sumerge en la siguiente historia que refleja su espíritu. El poema Donde ya hemos estado, es el encuentro con el lenguaje que se acerca a lo impalpable y al terror del “Yo” interior que pesa pero convive con la palabra íntima. La poesía se encuentra en la vida cotidiana y se presenta en pequeñas y en diversas formas sinceras pero jamás notadas. De la Antología Milo De Angelis en español (versión  Bilingüe, traducción de Erika Reginato, 2007): Nuestra señora de las nieblas / perenne y del minuto / de que vida hemos vivido (...)  y las miradas / se hunden en el bautismo... es como decir la larga distancia se hunde en el agua bendita, con un soplo…


Traducciones de Erika Reginato:

Esta noche gira la vena

del universo y salgo, como ves,

de mi piedra para hablarte aún

de la vida, de mí y de ti, de tu vida

de los grandes anocheceres que observo y te reviso y siento

el vacío no extinto en la frente, un vacío

fluido que te estremecía en el rojo de los juegos

y aún retorna, aún retorna

y detén la danza de las sílabas

donde llegabas rítmicamente y tú

estás ofendido por una voz monocorde  y te

pierdes en las esquinas de los días y despedazas

tu única clepsidra e inmóvil y como siempre

quisiera ayudarte pero nada puedo hacer 

sólo una fuga partisana de este círculo

y mirar la oscuridad que te oscila entre las sienes y te castiga,

hijo mío.
...
 

Questa sera ruota la vena

dell'universo e io esco, come vedi,

dalla mia pietra per parlarti ancora

della vita, di me e di te, della tua vita

che osservo dai grandi notturni e ti scruto e sento

un vuoto mai estinto nella fronte, un vuoto

torrenziale che ti agitava nel rosso dei giochi

e adesso ritorna e ancora ritorna

e arresta la danza delle sillabe

dove accadevi ritmicamente e tu

sei offeso da una voce monocorde e tu

perdi il gomitolo dei giorni e spezzi

la tua sola clessidra e ristagni e vorrei

aiutarti come sempre ma non posso

fare altro che una fuga partigiana da questo cerchio

e guardare  il buio che ti oscilla tra le tempie e ti El tiempo era tu único compañero

y entre las almas sin escuchar

vi que caminabas

en la línea de las estufas

te abrías las venas

entre un gramo y otro gramo

murmurabas el himno de los cuerpos perdidos

en el turno de la noche

decías búsquenme

búsquenme debajo de las palabras y tenías

una falda azul y un rostro

errado y en tu mano

escudriñabas una sola línea  y el vacío

comenzó a tomar forma.

 

 
...
 
 Il tempo era il tuo unico compagno

e tra quelle anime inascoltate

vidi te che camminavi

sulla linea dei comignoli

ti aprivi le vene

tra un grammo e un altro grammo

bisbigliavi l’inno dei corpi perduti

nel turno di notte

dicevi cercatemi

cercatemi sotto le parole e avevi

una gonna azzurra e un viso

sbagliato e sulla tua mano

scrutavi una linea sola e il nulla

iniziò a prendere 
...

Una lama de fósforo te distinguía

y en tercer grado te amenazaba,

cada vez te pedía la nota más alta, el modelo

perfecto del líder: estuviste entre la gloria

y el sacrificio humano

y elegiste no tener nada.

 

 Pero hoy lo has logrado

el antiguo afondo, el trozo hábil

pronunciando mi nombre entre la Polfer y los sonámbulos

del andén veintidós “¿Te acuerdas de mí?

Yo vivo aquí”. “Recuerdas aquella versión

de Tucidide dificilísima. Sólo tú…sólo tú”.

"Toiósde men o táfos eghéneto ...".

 

 

 

Aún tienes el esguince

del estudiante estrepitoso, el adjetivo

que se posa en la hoja y recorta la frase

de un idioma canónico y nuevo, es tuyo

aquel traducir al instante con los ojos entrecerrados.

¿Dónde estás? te pregunto silencioso ¿ Dónde estamos?

Los frutos quedan en el interior y queman en secreto

en un tiempo lejano de la voz

en una rueda de libélulas o en una piedra.

 

 

 

 

 

 

 

Una lama di fosforo ti distingueva

e ti minacciava, in classe terza,

ti chiedeva ogni volta il voto più alto, l’esempio

perfetto del condottiero:  sei stato tra la gloria

e il sacrificio umano

e hai scelto di non avere più nulla.

 

 

Ma oggi ti è riuscito

l’antico affondo, il pezzo di bravura,

chiamandomi per nome tra la Polfer e i sonnambuli

del binario ventidue "Ti ricordi di me?

Io abito qui". "Ricordo quella versione

di Tucidide difficilissima. Solo tu...solo tu".

"Toiósde men o táfos eghéneto .....".

 

 

Hai ancora il guizzo

dello studente strepitoso, l'aggettivo

che si posa sul foglio e svetta, la frase

di una lingua canonica e nuova, quel tuo

tradurre all'istante a occhi socchiusi. Dove sei,

ti chiedo silenzioso. Dove siamo? I frutti

restano dentro e bruciano segreti

in un tempo lontano dalla voce,

in una giostra di libellule o in un sasso.

 ...

 Eres tú, no hay duda, reconozco

el ataque de tus respuestas cuando te interrogaban

y las ventanas del Gonzaga mostraban un jardín inmenso

y todo, en el exterior, semejaba al silencio de los olmos   

descendía un voto de la túnica negra y tú estabas a salvo

reaparecían nuestras voces puras y tú estabas sumergido

en las voces y se formava una oculta melodía y habían

números sobre la camisa, los números justos para cada uno,

y se acerca, con su sonrisa viviente, el rostro

de la ida.

 
...
 

Sei tu, non c’è dubbio, riconosco

l’attacco delle tue risposte quando venivi interrogato

e le finestre del Gonzaga mostravano un cortile immenso

e tutto, fuori, assomigliava al silenzio degli olmi

scendeva un voto dalla tonaca nera e tu eri salvo

riapparivano le nostre pure voci e tu eri sommerso

di voci e si formava un’occulta melodia e c’erano

già i numeri sulla maglia, i numeri giusti per ciascuno,

e si avvicinava, con il suo sorriso vivente, il viso,
dell'andata
...
Entonces, amiga mía, eres tú esta alegría sin dios

que llegó esta mañana a un tierno golfo

y me dijo por teléfono ahora sé, ahora sé

que del final más violento

puede manar esta dicha, una espiga

de átomos felices donde nazco

y veo el resplandor infantil de un sendero

y nosotros somos el fruto de un contrasto magnífico

que prepara día tras día la carta de amor.

 ...

 Dunque, amica mia, sei tu questa gioia senza dio

che giunge a un tenero golfo stamattina

e mi dice al telefono ora so ora so

che dalla fine più violenta

può scaturire questo bene, una spiga

di atomi felici dove nasco

e vedo il chiarore infantile di un sentiero e noi siamo

il frutto di un contrasto magistrale

che prepara giorno dopo giorno la lettera d’amore.
 
MILO DE ANGELIS
 

 POESIE CHE MI HA INVIATO PER TRADURRE


Questa sera ruota la vena

dell'universo e io esco, come vedi,

dalla mia pietra per parlarti ancora

della vita, di me e di te, della tua vita

che osservo dai grandi notturni e ti scruto e sento

un vuoto mai estinto nella fronte, un vuoto

torrenziale che ti agitava nel rosso dei giochi

e adesso ritorna e ancora ritorna

e arresta la danza delle sillabe

dove accadevi ritmicamente e tu

sei offeso da una voce monocorde e tu

perdi il gomitolo dei giorni e spezzi

la tua sola clessidra e ristagni e vorrei

aiutarti come sempre ma non posso

fare altro che una fuga partigiana da questo cerchio

e guardare  il buio che ti oscilla tra le tempie e ti castiga,

figlio mio.


































Il tempo era il tuo unico compagno

e tra quelle anime inascoltate

vidi te che camminavi

sulla linea dei comignoli

ti aprivi le vene

tra un grammo e un altro grammo

bisbigliavi l’inno dei corpi perduti

nel turno di notte

dicevi cercatemi

cercatemi sotto le parole e avevi 

una gonna azzurra e un viso

sbagliato e sulla tua mano

scrutavi  una linea sola  e il nulla 

iniziò a prendere forma.


































Una lama di fosforo ti distingueva

e ti minacciava, in classe terza,

ti chiedeva ogni volta il voto più alto, l’esempio

perfetto del condottiero:  sei stato tra la gloria

e il sacrificio umano

e hai scelto di non avere più nulla.


Ma oggi ti è riuscito

l’antico affondo, il pezzo di bravura,

chiamandomi per nome tra la Polfer e i sonnambuli 

del binario ventidue "Ti ricordi di me?

Io abito qui". "Ricordo quella versione 

di Tucidide difficilissima. Solo tu...solo tu".

"Toiósde men o táfos eghéneto .....".


Hai ancora il guizzo

dello studente strepitoso, l'aggettivo

che si posa sul foglio e svetta, la frase

di una lingua canonica e nuova, quel tuo

tradurre all'istante a occhi socchiusi. Dove sei,

ti chiedo silenzioso. Dove siamo? I frutti

restano dentro e bruciano segreti

in un tempo lontano dalla voce,

in una giostra di libellule o in un sasso.

























Sei tu, non c’è dubbio, riconosco

l’attacco delle tue risposte quando venivi interrogato

e le finestre del Gonzaga mostravano un cortile immenso

e tutto, fuori, assomigliava al silenzio degli olmi

scendeva un voto dalla tonaca nera e tu eri salvo

riapparivano le nostre pure voci e tu eri sommerso

di voci e si formava un’occulta melodia e c’erano

già i numeri sulla maglia, i numeri giusti per ciascuno, 

e si avvicinava, con il suo sorriso vivente, il volto

della partita.




































Dunque, amica mia, sei tu questa gioia senza dio

che giunge a un tenero golfo stamattina 

e mi dice al telefono ora so ora so

che dalla fine più violenta

può scaturire questo bene, una spiga

di atomi felici dove nasco

e vedo il chiarore infantile di un sentiero e noi siamo

il frutto di un contrasto magistrale

che prepara giorno dopo giorno la lettera d’amore.










































Rinasce in un prato di piazza Aspromonte

la vecchia contesa tra questo rettangolo 

e i cavalli della mente, tra questo semplice

rettangolo terrestre e tutti gli spettri 

che si affollano lì, dove il numero otto

tirò preciso a fil di palo ed entrò 

in una galleria di anni e domeniche piovose

e ora regna su di noi lo sguardo di un demiurgo

che ci raccoglie nel centro della mano

e legge su quei volti il labiale di una gioia 

conclusa e straripante.





































Inquadratura. Una donna sola, 

nella dolcezza delle nebbie. Viviana. Guarda

il tramonto, mi chiama, ripete giocosa

il filo delle corse, scatta 

da porta a porta, da stagione a stagione

ripete in pochi metri il tragitto dei pianeti

e poi ritorna qui, all'ingresso dell'edicola

dove l'ho conosciuta per un soffio, l'ho vista scorrere

tra le date dei giornali, l'ho perduta, ritrovata, 

risorta e poi finita e culminante, come una poesia

che rinasce precipitando nel suo bianco.














Questa sera ruota la vena
dell'universo e io esco, come vedi,
dalla mia pietra per parlarti ancora
della vita, di me e di te, della tua vita
che osservo dai grandi notturni e ti scruto e sento
un vuoto mai estinto nella fronte, un vuoto
torrenziale che ti agitava nel rosso dei giochi
e adesso ritorna e ancora ritorna
e arresta la danza delle sillabe
dove accadevi ritmicamente e tu
sei offeso da una voce monocorde e tu
perdi il gomitolo dei giorni e spezzi
la tua sola clessidra e ristagni e vorrei
aiutarti come sempre ma non posso
fare altro che una fuga partigiana da questo cerchio
e guardare  il buio che ti oscilla tra le tempie e ti castiga,
figlio mio.

































Il tempo era il tuo unico compagno
e tra quelle anime inascoltate
vidi te che camminavi
sulla linea dei comignoli
ti aprivi le vene
tra un grammo e un altro grammo
bisbigliavi l’inno dei corpi perduti
nel turno di notte
dicevi cercatemi
cercatemi sotto le parole e avevi 
una gonna azzurra e un viso
sbagliato e sulla tua mano
scrutavi  una linea sola  e il nulla 
iniziò a prendere forma.

































Una lama di fosforo ti distingueva
e ti minacciava, in classe terza,
ti chiedeva ogni volta il voto più alto, l’esempio
perfetto del condottiero:  sei stato tra la gloria
e il sacrificio umano
e hai scelto di non avere più nulla.

Ma oggi ti è riuscito
l’antico affondo, il pezzo di bravura,
chiamandomi per nome tra la Polfer e i sonnambuli 
del binario ventidue "Ti ricordi di me?
Io abito qui". "Ricordo quella versione 
di Tucidide difficilissima. Solo tu...solo tu".
"Toiósde men o táfos eghéneto .....".

Hai ancora il guizzo
dello studente strepitoso, l'aggettivo
che si posa sul foglio e svetta, la frase
di una lingua canonica e nuova, quel tuo
tradurre all'istante a occhi socchiusi. Dove sei,
ti chiedo silenzioso. Dove siamo? I frutti
restano dentro e bruciano segreti
in un tempo lontano dalla voce,
in una giostra di libellule o in un sasso.
























Sei tu, non c’è dubbio, riconosco
l’attacco delle tue risposte quando venivi interrogato
e le finestre del Gonzaga mostravano un cortile immenso
e tutto, fuori, assomigliava al silenzio degli olmi
scendeva un voto dalla tonaca nera e tu eri salvo
riapparivano le nostre pure voci e tu eri sommerso
di voci e si formava un’occulta melodia e c’erano
già i numeri sulla maglia, i numeri giusti per ciascuno, 
e si avvicinava, con il suo sorriso vivente, il volto
della partita.



































Dunque, amica mia, sei tu questa gioia senza dio
che giunge a un tenero golfo stamattina 
e mi dice al telefono ora so ora so
che dalla fine più violenta
può scaturire questo bene, una spiga
di atomi felici dove nasco
e vedo il chiarore infantile di un sentiero e noi siamo
il frutto di un contrasto magistrale
che prepara giorno dopo giorno la lettera d’amore.









































Rinasce in un prato di piazza Aspromonte
la vecchia contesa tra questo rettangolo 
e i cavalli della mente, tra questo semplice
rettangolo terrestre e tutti gli spettri 
che si affollano lì, dove il numero otto
tirò preciso a fil di palo ed entrò 
in una galleria di anni e domeniche piovose
e ora regna su di noi lo sguardo di un demiurgo
che ci raccoglie nel centro della mano
e legge su quei volti il labiale di una gioia 
conclusa e straripante.




































Inquadratura. Una donna sola, 
nella dolcezza delle nebbie. Viviana. Guarda
il tramonto, mi chiama, ripete giocosa
il filo delle corse, scatta 
da porta a porta, da stagione a stagione
ripete in pochi metri il tragitto dei pianeti
e poi ritorna qui, all'ingresso dell'edicola
dove l'ho conosciuta per un soffio, l'ho vista scorrere
tra le date dei giornali, l'ho perduta, ritrovata, 
risorta e poi finita e culminante, come una poesia
che rinasce precipitando nel suo bianco.











Questa sera ruota la vena
dell'universo e io esco, come vedi,
dalla mia pietra per parlarti ancora
della vita, di me e di te, della tua vita
che osservo dai grandi notturni e ti scruto e sento
un vuoto mai estinto nella fronte, un vuoto
torrenziale che ti agitava nel rosso dei giochi
e adesso ritorna e ancora ritorna
e arresta la danza delle sillabe
dove accadevi ritmicamente e tu
sei offeso da una voce monocorde e tu
perdi il gomitolo dei giorni e spezzi
la tua sola clessidra e ristagni e vorrei
aiutarti come sempre ma non posso
fare altro che una fuga partigiana da questo cerchio
e guardare  il buio che ti oscilla tra le tempie e ti castiga,
figlio mio.

































Il tempo era il tuo unico compagno
e tra quelle anime inascoltate
vidi te che camminavi
sulla linea dei comignoli
ti aprivi le vene
tra un grammo e un altro grammo
bisbigliavi l’inno dei corpi perduti
nel turno di notte
dicevi cercatemi
cercatemi sotto le parole e avevi 
una gonna azzurra e un viso
sbagliato e sulla tua mano
scrutavi  una linea sola  e il nulla 
iniziò a prendere forma.

































Una lama di fosforo ti distingueva
e ti minacciava, in classe terza,
ti chiedeva ogni volta il voto più alto, l’esempio
perfetto del condottiero:  sei stato tra la gloria
e il sacrificio umano
e hai scelto di non avere più nulla.

Ma oggi ti è riuscito
l’antico affondo, il pezzo di bravura,
chiamandomi per nome tra la Polfer e i sonnambuli 
del binario ventidue "Ti ricordi di me?
Io abito qui". "Ricordo quella versione 
di Tucidide difficilissima. Solo tu...solo tu".
"Toiósde men o táfos eghéneto .....".

Hai ancora il guizzo
dello studente strepitoso, l'aggettivo
che si posa sul foglio e svetta, la frase
di una lingua canonica e nuova, quel tuo
tradurre all'istante a occhi socchiusi. Dove sei,
ti chiedo silenzioso. Dove siamo? I frutti
restano dentro e bruciano segreti
in un tempo lontano dalla voce,
in una giostra di libellule o in un sasso.
























Sei tu, non c’è dubbio, riconosco
l’attacco delle tue risposte quando venivi interrogato
e le finestre del Gonzaga mostravano un cortile immenso
e tutto, fuori, assomigliava al silenzio degli olmi
scendeva un voto dalla tonaca nera e tu eri salvo
riapparivano le nostre pure voci e tu eri sommerso
di voci e si formava un’occulta melodia e c’erano
già i numeri sulla maglia, i numeri giusti per ciascuno, 
e si avvicinava, con il suo sorriso vivente, il volto
della partita.



































Dunque, amica mia, sei tu questa gioia senza dio
che giunge a un tenero golfo stamattina 
e mi dice al telefono ora so ora so
che dalla fine più violenta
può scaturire questo bene, una spiga
di atomi felici dove nasco
e vedo il chiarore infantile di un sentiero e noi siamo
il frutto di un contrasto magistrale
che prepara giorno dopo giorno la lettera d’amore.









































Rinasce in un prato di piazza Aspromonte
la vecchia contesa tra questo rettangolo 
e i cavalli della mente, tra questo semplice
rettangolo terrestre e tutti gli spettri 
che si affollano lì, dove il numero otto
tirò preciso a fil di palo ed entrò 
in una galleria di anni e domeniche piovose
e ora regna su di noi lo sguardo di un demiurgo
che ci raccoglie nel centro della mano
e legge su quei volti il labiale di una gioia 
conclusa e straripante.




































Inquadratura. Una donna sola, 
nella dolcezza delle nebbie. Viviana. Guarda
il tramonto, mi chiama, ripete giocosa
il filo delle corse, scatta 
da porta a porta, da stagione a stagione
ripete in pochi metri il tragitto dei pianeti
e poi ritorna qui, all'ingresso dell'edicola
dove l'ho conosciuta per un soffio, l'ho vista scorrere
tra le date dei giornali, l'ho perduta, ritrovata, 
risorta e poi finita e culminante, come una poesia
che rinasce precipitando nel suo bianco.














                     








                     






                     


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